Es increíble: es el cumpleaños del presidente y el Wall Street Journal dice que “España ya no es dueña de su futuro”, que corremos el riesgo de que sea en otros lugares donde nuestro destino se decida. Da miedo semejante grosería, pero también libera. Servidor, por ejemplo, ya no tiene que preocuparse por nada, así que ahora cuida de su parcela de biosfera, pequeña y densa, sin pensar que las empresas energéticas o los especuladores acabarán arruinándolo todo so pretexto de lo bueno que es para el bien común que a ellos les vaya bien. La esperanza de vida de un servidor es a estas alturas lo bastante corta como para que no les de tiempo, y el discurso de los agoreros está lo suficientemente desacreditado como para que servidor no se sienta insolidario ocupándose exclusivamente de su alma mortal. Este ya no es un trabajo encaminado a la preservación y sí exclusivamente a la verdadera necesidad. Es sencillo: responde a lo que este pequeño pedazo de mundo requiere, no a garantizar en solitario su supervivencia eterna.

Nuestros abuelos conservaban, pero nosotros estamos condenados a morir con lo que nos rodea. Es perverso, pero le da a nuestras vidas una dimensión épica de la que carecía la de nuestros mayores, más bien tirando a trágica. El caso es el de una resistencia sin futuro: puro romanticismo.

Además el Consejo Nacional de Inteligencia de América de Arriba ha hecho una debidamente informada predicción, aunque más a largo plazo que la del Wall Street Jurnal, que augura para 2025 el declive de América de Arriba en un futuro dominado por China, Rusia, La India y las redes criminales. De Europa ni hablamos y desde España (que siempre ha sido un país de lo más colaborador) ayudamos un poco al Consejo de marras impidiendo a los Indignados difundir su mensaje por más necesario que nos parezca.

— Es que estamos de acuerdo con lo que dicen, pero queremos ver cómo se decepcionan cuando se lo neguemos todo.

Como además Raquel se ha vuelto a marchar a Foz (esta vez para traer de regreso a la desagradable señora mayor a la que llevó hace un par de semanas) y servidor piensa de resultas muchísimo más de lo normal, servidor es capaz de colgar la fotografía imaginaria de su vida entre un maravilloso e insinuante retrato de Romy Schneider y una artística recreación del edificio de las Naciones Unidas tomado por las vacas y contemplarla, mentalmente, con absoluto desapego. Es una imagen perfecta.

— Siempre hubo agoreros, se lamenta Pangur.
— Y ganapanes.

Sin embargo, la última lluvia, a pesar de recia en algún momento, en algún lugar, no parece haber afectado a las viñas y los que saben de eso aseguran que se recogerá, un poco antes de lo habitual, una dulce y productiva cosecha. Los que saben de eso no se equivocan nunca. Aquí, en Magaz de Abajo, cuando don Manuel Pintor se quita la gorra, mira al cielo, y rascándose la coronilla dice que va a granizar, graniza, y si Emilio asegura que hay que podar un poco esos guindos, ahora mismo se podan, y si el tío Jesús dice que son las siete y cuarto, no son ni “y diez” ni “y veinte” sino las siete y cuarto diga lo que diga el reloj de la torre de Camponaraya. Las estaciones siguen su curso ordenadamente y servidor, sin ir más lejos, las ve venir: se mustian las malvas en un extremo de la finca cuando en el otro aún despuntan los pequeños capullos. Aquí, si alguien afirma algo, lo que sea para lo que una larga experiencia lo haya autorizado, se cumple como se cumplen los buenos refranes.

— No hay mal que cien años dure.

Servidor, que procura con desiguales resultados llorar mucho menos de lo que lo hacía cuando estaba en la pomada, no sabe nada de nada que no sea literatura (disciplina por la que sólo pregunta el Trivial) pero sabe lo que ama y en quién confiar y esos expertos economistas, esos analistas políticos, esos pinchauvas, ya sean maestros o doctores, expresidentes o expresidiarios, le perturban muchísimo menos desde que ha aprendido a distinguir el hinojo de la cicuta (que no es tan fácil) y, desde luego, le merecen muchísimo menos respeto que Tío Jesus, Emilio o don Manuel Pintor ahora que sus prioridades se han organizado como a su salud mental y física conviene. Por eso a servidor le preocupa su amigo Pableras, que le contaba hace apenas un par de horas que desearía tener un negocio que no le hiciese rico, y que no le obligase a pedir prestado. Un día vendrán de noche unos hombres encapuchados y ya no volveremos a saber de él.

Esta tarde trabajará en distintas cosas un servidor, fuera, al sol, y por la noche escribirá a Zapatero para felicitarle por su cumpleaños y por el comienzo de las obras de su nueva casa en unos terrenos de 674 metros cuadrados junto a Eras de Renuevas, en la carretera de Carvajal. No van a dejarle edificar mucho, dadas las distancias a las que la ley le obliga como a todo hijo de vecino de ayuntamiento decente, pero le dará para recibir a los inevitables. Será lo que se lleve de su paso por la Moncloa junto a un montón de malos recuerdos. Aquí ni el suelo ni la mano de obra cuesta lo que en, por ejemplo, Pozuelo. Lo digo porque es un imbécil el que diga que no se lo ha ganado con el sudor de su frente y sólo de su frente. Le deseará, servidor, a Zapatero, que al menos sus vecinos le quieran, ya que un país entero ha decidido culparle de sus desgracias como si del mismísimo emperador de la China se tratase y la sequía fuese culpa de sus pecados. Sólo por eso se merece un apacible lugar en el que sentirse a salvo de agoreros, aojeros y demás fauna nefasta y rebuscadora.

Luego un servidor cenará lo que encuentre y se irá a la cama a soñar con Raquel y no con el futuro (faltaría más) que aquí, pese a quien pese, anda siempre al alcance de una buena disposición. Porque aquí, sépanlo, se está mal agusto entre cierta gente. Los toleramos, dejamos que hablen a gritos y sonreímos con cierta condescendencia ante sus amenazadoras previsiones, pero no les creemos ni una palabra. Dicho lo cual, servidor se va a dormir como había anunciado.

— ¿No íbamos a ver What’s New Pussycat?, protesta Pangur. — Se lo he prometido a Yogur.

Es verdad: antes veremos What’s New Pussycat? Se le estaba olvidando a un servidor.

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Una opinión sobre “Agoreros”

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