El viernes llevé a mi hijo al dentista y me dio tiempo a leer un montón de revistas cuya existencia ignoraba. Es curioso: sale la misma gente que en las otras, hablando de lo mismo que en las otras. Y eso que estaban, en general, muy atrasadas. Lo que dan de sí algunos temas…

Se lo contaba hoy a Raquel, un servidor, tomando el aperitivo en casa, mientras se hacía la comida.

– La felicidad, el amor y el éxito, sólo se habla de eso, le digo.
– Bueno…
– ¿Qué te has servido?
– Un Manhattan con Read Crown Royal. Canadiense, como debe de ser. No te preocupes que no he tocado tu Lagavulin.

Servidor se ha puesto un Negroni: Ginebra, Martini rojo y Campari. Un tercio de cada, hielo y una raja de limón. En vaso bajo. Piensa en esas revistas, pero sobre todo en que lleva muchísimos años escuchando y viendo lo mismo: las mismas canciones, los mismos partidos de la selección, los mismos dentistas, las mismas críticas a la energía nuclear, los mismos ganadores, la misma buena voluntad y el mismo número sordo, ciego y frío, las mismas nuevas tendencias, los mismos poemas, las mismas matanzas, el mismo cambio climático, las mismas conferencias y las mismas respuestas ingeniosas en las entrevistas de las mismas revistas impresas con la misma prisa.

– ¿Con qué ginebra?
– Torres, es más neutra. Oye, ¿de dónde has sacado la angostura para el Manhattan?
– De ninguna parte, le he puesto dos gotas de ética.
– Ah… ¿y qué tal?
– Feliz. Voy a echar el arroz.

Raquel le ha preparado otro Negroni y se lo ha servido corriendo a un servidor antes de volverse a la cocina con cara de que algo se quemaba.

En la tele sale Benedicto XVI haciendo lo mismo que todos los papas rodeado de feligreses que hacen lo mismo que todos los feligreses han hecho siempre. Y también sale un terremoto, es decir: otro. Y un señor con cara de listo que opina que estas cosas no pasaban antiguamente, y otro que ha vuelto a ganar la carrera de siempre. De repente servidor ya no quiere paella. Le apetece comer algo…

– Raquel, perdona, pero ¿podemos dejar la paella para la noche? ¿O para mañana?

Está en la cocina, con una sartén en una mano y una tapa de olla en la otra.

– Perfecto, me responde cambiando la tapa de la olla por su copa de Manhattan. – Acabo de darme cuenta de que no tenemos arroz, así que perfecto.
– ¿Qué tenemos?
– Una pechuga de pollo, apio, pistachos, caldo de ayer, mantequilla, sal y pimienta, distintas clases de aguardiente…
– Y ética.
– Y pasas.
– Pues venga, corta el pollo finito mientras pelo los pistachos.
– Vale, dice risueña.

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