Le sorprenderá saberlo a quienes no siguen este blog, es decir, a las personas sensatas (hasta hoy, al menos) pero el gato Pangur, que llevaba unos días preparándose para el invierno (intratable, egoísta, ido) ha escrito otros dos poemas. Parece ser que ya no le gusta ese tono intermedio entre la realidad y su significado que le permitía estirar hasta el infinito casi cualquier analogía (véase). Ahora ha decidido ser más liberal con eso de la rima y también enigmático. De hecho ha creado un movimiento literario llamado así: enigmatismo. Lo componen él, su gato Yogur (poeta demasiado puro como para permitir que sus versos salgan jamás de entre sus dos orejas) y, siempre según Pangur, “otros”. No pretenden ser los primeros que profundizan en la necesidad de restituir al poema su capacidad de influencia enigmática y reconocen a algunos predecesores ilustres, si bien…

P.: El suyo era un enigmatismo ingenuo.
J.C.S.: ¿Inconsciente?
P.: Podría decirse así, resumiendo mucho. Más bien creo que veían el misterio como un asunto, no como un resultado.
J.C.S.: ¿Pero el misterio, como resultado, no es un poco decepcionante?
P.: Sí, si eres resultadista. Nosotros somos enigmatistas.
J.C.S.: Claro, claro.
P.: Y radicales.
J.C.S.: Lo que significa…
P.: Que navegamos en el mismo mar de irrelevancia que todo el mundo, pero con las mejores intenciones. Y, ahora, si me disculpas…

En fin. La entrevista no puede continuar ya que por lo visto hoy es jueves y los pájaros hacen fiesta los jueves, lo que mantiene a los gatos suficientemente ocupados como para no poder permitirse tonterías promocionales. A lo mejor es cierto que el mundo animal posee una forma de ignorarnos de la que deberíamos aprender sin intentar comprenderla. En cuanto a la sociedad de nuestro entrevistado, la de los gatos, es claramente más fuerte que el individuo y, sin embargo, pocas sociedades han tolerado tanta libertad individual. Las sociedades humanas, por contra y sea cual sea la forma que adopten, están basadas siempre en una confianza que traicionan. En este momento se considera indigno de confianza al 90% de la raza humana y al 100% susceptible de ser traicionado, mientras que ningún gato, ninguno, es mal recibido en su comunidad.

— Siempre que sea leal. –Corrige desde la puerta.
— Leal.
— Y sensible.
— Sensible.

La semana no es igual para todos los animales, y así (está dicho) como los pájaros hacen fiesta los jueves, servidor la hace por solidaridad los domingos y hoy no está por perder el tiempo persiguiendo a un felino poeta en sus batidas para justificar unas páginas que, por otra parte, nadie le pide. En vez de eso, va a retomar su lectura (que en este momento es la traducción de Xoán Abeleira de las Illuminations de Rimbaud) y va a escribir un poco (hay que entregarse a la ficción ya que la realidad no nos deja vivir de ella) aunque, para no dejarles sin despedida hasta la próxima comunicación, se va a molestar primero en hacer de intermediario transcribiendo a renglón seguido los dos nuevos poemas de Pangur titulados Cuarto el primero y Primero el segundo:

Cuarto

El que mira la piedra, cree en la vida.
El que coge la piedra, sabe quién es.
El que cura la piedra, cura la herida.
El que sufre la herida, no tiene pies.

¿Es Domingo de Ramos o en la piedra
el envés celebramos? ¿Ya no cree
el ojo en la causa ajena
del quién es quién? Ya no quiere
el ojo ser más que el pie.
Qué sinrazón, qué pena.

Primero

No huye porque persigo, persigo
porque huye. Si viene
grande y desordenado o sólo
desordenado, y huyo,
persigue él. Nada distinto a
formular una ecuación hermosa juntos
sobre elasticidad y simetría.

Aunque es cabalmente más interesante
la anotación mental de variaciones minúsculas
de lo que sea,
recibir la cultura en paz.

Hecho. Y perdonen, que con las prisas casi se le olvidaba a un servidor agradecer la visita a los nuevos lectores. No se vayan lejos, que en la Internet hay mucho sinvergüenza.

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