Fundada en 1989 por Constantino Bértolo, Alejandro Gándara y un servidor de ustedes, con el apoyo desinteresado de la editorial Debate, la Escuela De Letras fue el primer centro dedicado a la enseñanza de las técnicas de escritura creativa en España y, a lo largo de sus más de veinte años de historia, la referencia obligada en el campo de la creación literaria en lengua española. La práctica de la originalidad y del pensamiento artístico fue siempre la base de su método, organizado en torno a un proceso bien estructurado y permanentemente contrastado, capaz de ofrecer al alumno un dominio inteligente y natural del ejercicio de la escritura. Nunca quisimos ser un “taller literario” y aún menos una academia de utilidad laboral (la que fuera) sino más bien una suerte de monasterio laico, ocupado en mostrar que la literatura es algo más que entretenimiento. Así de ambiciosos fuimos.

Por sus aulas pasaron novelistas, poetas, críticos literarios, editores o periodistas que consideraron su actividad docente como una obligación ligada a a sus propio compromiso con la formación del gusto y del criterio. A todos ellos les debe un servidor ese esfuerzo que los señala como a los últimos de su especie. Tampoco es baladí, por más que la intención de la empresa estuvo siempre más cerca de la de educar lectores capaces, cultos y celosos, que de la de fabricar escritores, el número de nuevos autores (mejores y peores, eso sí) que se forjaron en ella.

Sin eludir la responsabilidad que concierne a un servidor, que nunca fuera empresario (y que es mucha), el cierre de la Escuela De Letras a finales de mayo de 2011, puede, si se desea, achacarse también a diversos factores, entre los que predominan la crisis económica, el escaso o nulo apoyo institucional y la dificultad de comunicar y afianzar un modelo de altos estudios en un campo carente de regulación específica sin caer en las garras de la Universidad o acabar reduciendo las opciones de supervivencia al alquiler de locales.

Quizás todos ellos encarnaban tan solo el mismo signo de un fin de época que servidor no quiso ver hasta que fue demasiado tarde, o quizás todos ellos estuvieron siempre ahí y el demérito de un servidor no fue, entonces, sino el de haber prolongado excepcionalmente la agonía de una quimera.

Ahora la Escuela De Letras se despide sin traicionarse y lo hace (desconfíese de resurrecciones oportunistas) para siempre. En al menos dos generaciones, sembró la necesidad de defender, sobre los intereses del mercado y sus rodrigones, una literatura comprometida con la crítica de la realidad y la investigación de valores estéticos. Ya es mucho. Deja también su método, adoptado con mayor o menor fortuna por la gran mayoría de los programas de escritura creativa actualmente en oferta.

Hemos mantenido abierta y funcionando la página de Facebook: https://www.facebook.com/EscuelaDeLetras.

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Una opinión sobre “Escuela De Letras”

  • Pablo Vieira

    Gracias por la Escuela. Gracias por uno de los mejores años de mi vida, si no el mejor. Gracias por saber enseñar. Gracias porque sigues escribiendo aquí y en otros lugares. Y, aunque esto no se dice, gracias por tu amistad.

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