Estuve en la radio, en el programa de Leopoldo Alas: “Entiendas o no entiendas”. Leopoldo en buen conversador, y amigo, de modo que pasamos un rato entretenido hablando de todo un poco, de poesía mucho y de las elecciones lo necesario. Me pregunta si creo, realmente, que algunas decisiones políticas resultan irreversibles. Así es. Se puede dar marcha atrás y volver de Irak, pero no creo que ningún partido se atreviese a revocar los derechos recién adquiridos por los homosexuales. Todo proyecto tiene su punto de no retorno y, en el caso de esta sociedad nuestra, parece claro que se halla en un momento de madurez que no permite pataletas. Creo también que hasta los votantes del PP saben que si su partido gana las generales en un futuro, las tropas no volverán a Irak, ni los contactos con ETA serás suprimidos.

– Porfía, dice Raquel. – …pero no apuestes.

No apuesto. Por un lado me creo lo que le he dicho a Leopoldo, por otro leo sobre esa caza de brujas en Polonia, donde Kapuscinski encabeza la lista de “falsas figuras de prestigio” por haber colaborado con el régimen comunista. ¿Deberíamos nosotros “desenmascarar” a Alberti? ¿O lo dejamos estar? ¿Y a Günter Grass? Kapuscinski se limitó a realizar descripciones sobre la situación política de los diversos países que visitaba. No parece tan grave, como no parece tan grave la simpatía estalinista del andaluz o la tontería juvenil del germano. Lo del gobierno polaco sí parece grave, su persecución de los homosexuales, su irresponsabilidad, su revanchismo y su desprecio por unos valores que a Europa le han costado mucho esfuerzo y paciencia. ¡Ay! la cristiana Polonia; nueva reserva espiritual de occidente.

Me preocupa la intolerancia que puede conducir a un pueblo a enfrentarse a sí mismo. Y nuestro políticos, siempre tan prudentes de cara al exterior como osados en casa, parecen tan poco dispuestos a opinar sobre esas cosas como a profundizar en lo cercano. Nadie habla de los vecinos y al final, esta campaña que hoy termina ha parecido más un Patio de Monipodio que la plaza pública que debió ser. Antes que argumentar los políticos han decidido abrir fuego, y además fuego sucio. Como si a estas alturas estuviesen convencidos de que son el odio y el miedo lo que nos mueve a las urnas, no los programas. Espero que no sea así. Doy un sorbo al café y saco un cigarrillo del paquete. ¿Peco de ingenuo?

El humo, denso, me devuelve a lo cotidiano. Me recuesto sobre el respaldo y proyecto hacia el techo una blanca bocanada de humo. Mañana nos vamos a Magaz de Abajo, votaremos allí: municipales y autonómicas. Es un mundo distinto; aunque en todos los mundos ocurre lo mismo: que la ciudadanía sufre el abuso de los poderosos de una forma o de otra y espera encontrar en su gobierno al defensor que precisa. En Magaz de Abajo los discursos se ciñen a lo concreto y, como las lealtades, se forjan en una brega que poco o nada tiene que ver con la conciencia política, lo sé. Pero el paisaje está más despejado y el juego es más sencillo de interpretar. Todo está mucho más cerca, mucho más.

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