Ustedes no lo han advertido, pero Google ya no funciona como antes. Hace tiempo que la compañía insistió en “personaliza” las búsquedas de modo que los resultados obtenidos respondiesen a la pauta de nuestro comportamiento individual. No, no se acuerdan (es normal, servidor mismo no estaba seguro hasta que lo ha consultado), así que, para explicarlo pronto, digamos que Google aplicaría un algoritmo capaz de convertir en estadística utilizable nuestra particular idiosincrasia. Es decir que acabaría comprendiendo que cuando escribimos “ele” queremos decir cante flamenco (es un ejemplo) y no español como lengua extranjera. Sólo Google es capaz es de reunir estadística e idiosincrasia y vendernos el resultado como si fuera un favor inapreciable.

Ha escrito “aplicaría”, “acabaría”, un servidor, pero lo cierto es que el sistema ya está implementado (¡que porquería de palabra!, recuérdenle a un servidor que no la use más, ni “implementado”, ni “sinergia”) hace tiempo, pero últimamente se ha producido un cambio del que nadie les ha dicho nada. Hasta hoy esa función que “personalizaba” nuestras búsquedas se presentaba en pantalla como una opción que podían ustedes activar o no. Pero ahora ocurre lo contrario. Todas las búsquedas que ustedes están realizando son ya, por defecto, subjetivas: si cuando tecleaban “música clásica” lo hacía a sabiendas de encontrar en página dos esa biografía de Beethoven que les servía de referencia, hoy la encontrarán situada en primer lugar. ¿Por qué? ¿Ha mejorado esa página? No, simplemente usted la ha consultado más veces tras usar una misma expresión clave y eso es suficiente para que Google se la sirva de aperitivo hasta que cambie de manía, o de músico, o de dirección IP. Tan cómodo como que el camarero tenga el café con leche y los churros sobre la barra en cuando nos ve entrando al bar.

– ¿Qué es esto?
– Lo de siempre.
– Pues ponme un café solo doble y un pincho de tortilla, anda. Y quita esto de aquí.

Pero teniendo en cuenta que una de las grandes obsesiones de las empresas es situarse en los primeros lugares del buscador de marras no es difícil sospechar e incluso inferir con intención de demostrar que el motivo de esta decisión está muy lejos del que se justifica como un servicio reclamado por el usuario “de a pie” y muy cerca del timo a los empresarios (una actividad lícita en los tiempos que corren siempre que el timador sea otro empresario y no un usuario “de a pie”). ¿Por qué? Pues sencillamente porque si la mayoría de las búsquedas arrojan respuestas “subjetivas” (previamente visitadas) la posibilidad de cada empresa de superar a la competencia se reduce a la nada en todos y cada uno de los casos. Las empresas, de hecho, se quedan sin la posibilidad de ocupar posiciones apreciables por todos los usuarios por igual, de establecer un baremo objetivo que no sea el constituido por aquellos que, presumiblemente escandalosa minoría, han activado la desactivación (sólo Google es capaz de obligarle a uno a decir estas cosas). Salvo que paguen por ello, claro.

Conque era eso: lo que Google desea es obligar a las páginas a usar la publicidad como garantía de posicionamiento: ¿Quieres mejor sitio (y este la verían igual todos los usuarios): pues paga. Que Google no era Teresa de Calcuta ya lo sabíamos, pero esto lo define como un juguete puramente comercial: ignora todo esfuerzo de organización verdaderamente serio y da al traste con SEO o HTML5 como facilitadores de la labor de catalogación que sigue siendo el gran reto de la web frente al papel. Así dejará de ser una opción seria, Google, para dar un paso más hacia the great theft: lo objetivo es lo publicitado.

– Eso es el futuro. Tarado.
– El futuro era la sociedad del ocio hace quince años. Estábamos preocupadísimos por lo que íbamos a hacer con nuestro tiempo libre. No digas tonterías. Y la publicidad es lo peor que le ha ocurrido a la humanidad después de la guerra.

Pangur no lo entiende, porque desde que Google ha cambiado el sistema él teclea “mejor escritor del mundo” y le sale Ruiz Zafón.

– Lo normal, digo yo.

Si se trata de indexar, catalogar u organizar hay que indexar, catalogar u organizar. Ganar dinero es otra cosa. De modo, mi querido lector, que si no desea navegar a través de filtros poco claros cambie de buscador. O, por lo menos, inhabilite las “personalizaciones en función de la actividad de búsqueda”, entrando en “Historial web” (arriba a la derecha). Pero hágalo ahora mismo, a ver si llegamos a tiempo.

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