Tras homologar las tallas femeninas van a homologar las masculinas. Nadie con menos de una treinta y ocho será considerado capaz de tomar sus propias decisiones: será menor de edad. Hasta ahí todo bien, porque se trata de que la ropa que compramos se parezca a nosotros y eso se entiende. Pero mucho se teme un servidor que luego nos van a homologar a todos y a todas para que nos parezcamos a la ropa que nos venden. Raquel tendrá que engordar y dejar de fumar y servidor, menos afortunado, tendrá que dejar de fumar y ser más alto.

– ¿Y yo por qué tengo que engordar? Ya estás con tus cosas raras.
– Lo digo en serio, cuando alguien abre la jaula a la homologación… tiembla.

Raquel se marcha dejándole a un servidor sobre la mesa una rosa roja e inmaculada, simple. ¿Estará homologada? No crean que servidor está exagerando, es cierto que la homologación no trae nada bueno; por ejemplo el monigote de los semáforos, por definición: asexuado. Bueno, pues ya no: se queda sin empleo el monigote por sexista y por tener la talla uno, y con él sus colegas de otro montón de señales de tráfico. También podían sustituirlo por un bonito ALTO o PASE, pero los extranjeros morirían a mantas bajo los neumáticos de nuestros automóviles, e incluso de los de nuestras bicicletas de niña. Servidor ha sugerido que lo cambien  por un hombre mayor con sombrero de la mano de una niña de la mano de un peluche: así cuando cruce la calle con su sobrina Martina no habrá pretexto posible. Claro: si le ponen faldas y pechos al monigote y nada más, el conductor puede atropellarle a un servidor so pretexto de que lo que cruzaba era un anciano acompañado de una niña acompañada de un peluche, y no una mujer joven y atractiva como la representada en el monigote. En realidad el semáforo debería escanearte en milisegundos y sacar tu foto. Eso sería lo más democrático.

Sin embargo los porteros de discoteca (por mencionar otra ocupación relacionada con el tráfico) son mayoritariamente hombres y nadie que no esté loco les habla del vergonzoso sexismo de su oficio (sobre toda al dejar a las chicas guapas con manifiesta preferencia sobre los chicos y los ancianos). Nuestros políticos no tienen lo que hay que tener para plantarse delante de un portero de discoteca y llamarle lo que haya que llamarle, los muy nenazas. Con los modistos es fácil, porque son gente de buen trato, y cobardica. Y también con los intelectuales y peatones y poetas… ¡y curas!. ¿O es que no son tan machistas los curas como anticlericales los semáforos? Y servidor, que era el “hombre Armani”, a dejar de fumar, con lo que engorda eso.

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