En Camponaraya, municipio del que depende este valiente y cortés, a pesar de sufrido pueblo de Magaz de Abajo, el PSOE ha arrollado al PP con seis concejales de once; pero hace treinta años que viene siendo así porque Magaz de Abajo tiene cierta semejanza con aquel Castroforte do Baralla que imaginase el bueno de don Gonzalo Torrente Ballester, y encuentra en ir a desmano la razón de su material maestría y un placer que en regiones no necesariamente alejadas, que sí, pero incluso colindantes, ignoran. Es cierto que en 2007 el PP tenía un concejal y que hoy tiene tres. Los otros dos se los llevan partidos minoritarios que en ese aspecto se estrenan: uno el PB y otro el MASS. No hace falta estudiar grandes cifras con lupa de joyero para hacer un primer análisis: el PP gana influencia y los partidos minoritarios también.

De otras formaciones, la verdad, es que hace tiempo que no sabemos nada. Resulta interesante ver como en Madrid, que se parece muchísimo menos a España que Magaz de Abajo, los políticos van a visitarte a casa y aquí ni te saludan por la calle. Aunque, bien pensado, servidor lo prefiere.

Nuestro gato Pangur, que no está convocado a votar, ha dedicado el día a pasear con su gato Yogur, finca arriba, finca abajo, como si el mundo le perteneciese so pretexto de que era la fiesta de la democracia.

— ¿Dónde vais?, nos pregunta mientras entramos en el coche. — Si hoy es fiesta… ¡Sienta! Yogur, ¡sienta!

Durante el trayecto pienso que no le falta razón: hagámoslo en jueves la próxima vez, así sí que será de verdad una fiesta.

Pero no quiero frivolizar más de lo necesario. He votado y he vuelto y he esperado como todo el mundo pendiente de las noticias en plan novato y por fin he escuchado a Zapatero cantando la palinodia. Creo que es demasiado humilde este castellano y leonés. Su problema no es sólo la crisis, ni siquiera la gestión de la crisis, su problema ha sido la gestión del malestar, empezando por la gestión del malestar de la vieja guardia de su partido que no ha dejado de barrerle el suelo bajo los pies y terminando, sí, por la gestión del malestar de la crisis que ha parecido bálsamo de usureros, martillo de Pymes, bota de solidaridad… Sumen a eso el trabajo del PP señalando (desde la barrera) con el dedo a la Moncloa cada vez que un parado más se inscribía en la lista, y la absurda idea de encarar esta campaña como si fuera la de una elecciones generales (el gran error), y los resultados eran obvios.

— Se veían venir.
— Eso he dicho.
— No, no. No has dicho eso. Has dicho que eran novios.

Como decía: el PP ha ganado desde la barrera con una faena de aliño a un toro afeitao. Luego Rajoy decía, desde el balcón de Génova: “Vamos a gobernar para todos”, y la multitud respondía:

— Noo porfi, noo.

Y decía: “Gracias a nuestros nuevos votantes”. Y la multitud respondía:

— Bildu fuera, Bildu fuera.

Y decía: “Vamos a recuperar este país”. Y la multitud rugía:

— Esto es democracia, y no la de Sol.

Que sincera es y cantarina la multitud. Debería haber un refrán como ese de “in vino veritas” pero con la multitud. En cualquier caso hay que agradecer a los seguidores del PP que al terminar el acto no fuesen a Sol a desternillarse de los acampados (la música que les pusieron durante horas antes de la aparición de sus líderes en plan santísima trinidad hubiese justificado eso y pintar la Cibeles con Titanlux). Tengo que decirlo: con el PP me pasa como con María Zambrano, que si me dan a elegir entre leerla y que me la lean prefiero leerla, francamente.

Zapatero lo intentó. Quizás ustedes no lo advirtieron, pero servidor, retirado del mundanal rüido, percibe los matices. Una vez incluso creí verle indignado por el hecho de que los mismos que habían provocado la debacle económica jugaban ahora con la deuda de los países que se habían endeudado ayudándolos. Pero enseguida le llamaron al orden desde algún lugar próximo al área 55 y recobró la razón alienígena que debe regir las decisiones de todo buen gobernante.

— Nadie te va a tomar en serio, me advierte el gato Pangur como si que un gato tenga a su vez un gato fuese lo más normal del mundo.

El caso es que, una vez asumido que este país ha decidido mirar a la derecha para alegría de cierta izquierda siempre necesitada de circunstancia histórica (y para probar) lo más importante sigue sin resolver. No sé qué análisis hacen los políticos o qué análisis hacen los periodistas, pero sé qué análisis hacen los grandes intermediarios económicos y lo siento por nuestros chicos y por sus campamentos, primero, y por la clase trabajadora después.

No me asusta más que la de otras formaciones sin programa una victoria del PP en las generales. Lo que me asusta es que la intención de modificar ciertos aspectos del sistema democrático termine por quedarse empaquetada en ese almacén de la pereza política construido al fondo del mejor de los mundos posibles.

— Al fondo, a la derecha.
— No seas pesado.

La política podría haber reaparecido tras la caída de Lehman Brothers, lo esperaba así don Felipe González, al que inexpicablemente nadie hace caso, y lo esperaba un servidor al que comprensiblemente nadie atiende. Pero la política no volvió sino para darle gratis el dinero de los contribuyentes a los grandes bancos y financieras en lo que no me importaría etiquetar como el movimiento estratégico-clientelista más escandaloso del siglo. La medida contribuyó al desconcierto y este al mayor enriquecimiento de los especuladores. Ahora que, de la mano de la iniciativa 15-M la sociedad civil ha despertado, la clase política tiene una segunda oportunidad para hacerlo también y, humildemente, redimirse. Debería saber, a estas alturas, que la sociedad está ofreciéndole todo el apoyo que necesite en ese esfuerzo.

Los acampados del 15-M han reivindicado el sentido de la sociedad civil y han actualizado el concepto de democracia. La Revolución Francesa no empezó de un modo muy distinto, ya; pero esto se mueve en una dirección paradójica: si fracasa habrá fracasado la Revolución Francesa.

Antes de ayer la Universidad de Columbia hizo público el listado de ganadores del Pulitzer: la categoría “Noticias de última hora” ha quedado desierta. Wikileaks, que ha protagonizado la actualidad durante buena parte del año, no ha tenido ni una mención.

— Wikileaks no es periodismo, a ver si te enteras.
— Ni 15-M política, supongo.
— Está bien, listillo. ¿Quién te gustaría ser?

Si fuese Zapatero convocaría ya un Congreso a bombo y platillo (a ser posible a celebrar en Magaz de Abajo): o el planteamiento de la izquierda cambia visiblemente o el tiempo seguirá marchitando viñas. El patrón es otro, el enemigo es otro, pero los partidos siguen sin enterarse. Si fuese Rajoy quemaría cinco de mis diez puntos de diferencia con el demonio materializando el cambio que en su día tuve en mente, y sentaría a Gallardón a la derecha del padre. Pero si pudiese, en este momento, disfrutar en la piel de un político, quiero ser Álvarez Cascos. Si fuese Álvarez Cascos no pactaría la legislatura con el PP, ni con el PSOE, ni con nadie. Pactaría la investidura, y sólo la investidura, con cualquiera. Luego me iría a cazar osos a Rumanía, con toda la familia, para relajarme un poco antes de ponerme a la faena de cortar jamón para todo el mundo cargándole la factura a quien me dijese el tío ese de la corbata de cuadros que lo arregla todo tan bien y que nunca me acuerdo de cómo se llama.

— ¿Que quién te gustaría ser?, en serio…
— Siempre quise ser Kropotkin, pero tú puedes llamarme amo.

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