El deporte no es democrático (no gana el equipo más votado), el resultado del gordo de la lotería es un perfecto ejemplo de la universalización de la arbitrariedad, la bolsa no es democrática (las acciones más votadas pierden), el amor no es democrático (es lo que es), la libertad (si me apuran) tampoco es democrática (mediten el motivo y mídanse con los grandes filósofos de toda la vida); ¿por qué, entonces, debería el arte ser democrático? El deporte es popular (el fútbol) o culto (el ajedrez). Y la poesía puede igualmente ser popular o culta, ¿pero me creerían ustedes si les contase que existen futbolistas de la poesía? Vean: dice un señor por la radio que todo viaje al desierto es, necesariamente, un viaje interior. A eso llamo yo ser un futbolista de la poesía porque la frase le tienta a uno a responder algo así como “¡descarao chavalote!”. Sin embargo también podía haber dicho que todo viaje interior es necesariamente un viaje al desierto (y hubiese sido mejor poeta que futbolista; aunque aún algo futbolista). Benjamín Prado, que también sale ahora mucho por la radio, dice que la rebeldía es un síntoma de crecimiento, un psicólogo diría que es síntoma de impotencia, porque todos los psicólogos son futbolistas.

– ¿Y qué diría un poeta “poeta”, Suñén?
– Que la rebeldía es acertar lo menos posible, Raquel.

De hecho los padres con hijos potencialmente rebeldes procuramos “equivocarnos lo menos posible” porque es la única forma de contrarrestar la rebeldía. Y ahora que lo pienso: el sistema sirve también para contrarrestar la lotería, y la bolsa. El deporte, sin embargo, se resiste a casi cualquier táctica imaginable.

– Es demasiado viejo.
– Sí: una rémora de las competitivas épocas pasadas. La ley del más fuerte perpetuada por el concepto deportivo por antonomasia: la venganza. Desde que terminó el primer partido de fútbol, todos los demás no han sido más que un acto de venganza.

Por eso sólo practico deportes cómodos: ajedrez, billar, paracaidismo (el paracaidismo es muy cómodo). Y sólo escribo poemas que no entiendan más de dos o tres (esto lo aprendí de Robert Graves) personas en todo el mundo y a ser posible ningún futbolista. Poesía no democrática. Poesía realista. Y sólo apuesto en las carreras de caballos a los caballos perdedores, y sólo leo novelas por las que nadie pregunta, y sólo leo poetas por los que nadie pregunta: la verdad está en los márgenes.

– También te ríes de todo y de todos, cínico mío.
– ¿Conoces a un cómico americano llamado Bill Hicks?
– No.
– Pues ven y mira lo que he encontrado en youtube.

La risa a veces sí es democrática, cuando apela a la reflexión a través de la autocrítica y se convierte en un juicio sin contemporizaciones que además es contagioso. No siempre el ingenio es un pobre sustituto de la inteligencia, a veces la despierta.

http://www.youtube.com/KKQLwuRGthY

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