Los españoles hemos empezado a hablar con más cuidado cuando de política se trata, al menos algunos. Nos medimos prudentemente, tanteándonos a través de alusiones ambiguas, de referencias más o menos veladas, para averiguar la militancia de nuestro interlocutor y calibrar hasta qué punto debemos o no opinar libremente. Y de qué temas.

Si el otro es un amigo es posible que nos de igual, pero tal y como se están poniendo las cosas, puede que temamos perderle en un rifirrafe que otros, los políticos, deberían saber ahorrarnos. Si se trata de un cliente, o de un vecino que nos riega las plantas, o de un barman que nos fía: punto en boca. Los temas peliagudos, los que nos devuelven a la incomodidad de las dos españas, eran hasta hoy la guerra de Irak, el sumario del 11-M y el alto el fuego de ETA . Pero ya hay uno nuevo.

La oportunidad histórica de sacudirnos de encima la losa etarra aconseja un acuerdo cerrado, firme y claro por parte de todos los partidos. No parece buena idea sacar la politica a la calle cada dos por tres. No parece buena idea encarcelar al interlocutor. No parece buena idea no dar una respuesta a un alto el fuego. No parece buena idea no facilitar que la banda compruebe las ventajas del juego democrático. Tampoco parece una buena idea exigir a Batasuna que desautorice a sus amigos, si no amos (que lo hará, pero nunca desacreditando una lucha que se ve a sí misma en el espejo siempre quebrado y sucio de la historia de España como una gesta). Tampoco parece buena idea cargar contra el sistema judicial. Le parece a un servidor más acertado exigir avances, resultados, hechos concretos, que “boicotear” opiniones.

Ese es el tema nuevo. Pero como no hay mal que por bien no venga, la decisión de Rajoy de boicotear a algunos medios de comunicación con la que nos hemos desayunado nos va a facilitar las cosas. Ya no harán falta las alusiones ambiguas ni las referencias veladas. Será suficiente con echar un vistazo al periódico de nuestro interlocutor.

– Si lo lleva, me chincha Raquel.
– A eso iba, precisamente: si lo lleva (sea el que sea) yo hablo de las últimas fotos “robadas” a la famosa de turno, o de las decisiones del seleccionador nacional de fútbol; así no silban las balas. Al menos hasta que las cosas vuelvan a su cauce y la información reparta sus diferencias sin tanto afán intervencionista. Si hemos de discutir hasta perder los nervios hagámoslo de cosas absurdas, y no de asuntos en los que del acuerdo, la comprensión y la colaboración, depende nuestro futuro.

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