Excepto la tarde del sábado, que nos acercamos a Cacabelos a ver a los amigos, hemos dedicado el fin de semana a plantar flores y algún arbolito, sobre todo en el talud que da paso a la huerta. Allí el terreno tiende a desprenderse y, tras el último saneamiento, necesitaba algo de tierra nueva y vegetación suficiente para mantenerse firme. Quizás también haga falta un pequeño muro de contención (unas pocas piedras); pero eso ya se verá, de momento esperamos. Una casa en el campo es un pozo sin fondo.

— Créanle, dice Raquel.

Zapatero ha pasado por Ponferrada y ha inaugurado algo. No ha parado de caer una lluvia finísima, amable, cálida. Y nosotros no hemos parado de trabajar. Así que el domingo por la tarde estamos medio constipados, medio agotados, desinformados y casi desarticulados. Servidor se siente el Desnudo bajando una escalera (Duchamp), de puro borroso, pero atiza la última lumbre antes de encarar el viaje. Raquel, ensimismada en su sillón como una figura de Balthus, parece absorta en algún lejano sueño palaciego. Retrasamos la hora de volver…

— Eso es irrelevante, me advierte Raquel.
— Por qué.
— No es relevante para tus lectores, no les afecta.
— ¿Qué lectores?

Ahora, ya muy tarde, conversamos en un restaurante de carretera frente a sendos platos de distintas variedades de Findus imaginativamente maquilladas. Junto a nosotros, cuatro jóvenes tatuados cenan como heliogábalos (pero en feo). La conversación que mantenían se limitaba al fútbol, un asunto sin duda relevante para ellos. A servidor le gustaban, porque eran la prueba fehaciente de los errores de Hegel. Nunca le cayó bien a un servidor, Hegel.

– Ni Aristóteles, le recuerda Raquel.

Si hubiese tomado café con esos jóvenes y servidor les hubiese dicho que comían como heliogábalos le hubiesen mirado como a un bicho raro intentando demostrar algo. Sin embargo Margarita Olego (amiga de Cacabelos) le dijo anteayer a un servidor que tenía un aire proustiano y a servidor le sonó de lo más normal. Hay que suponer que eso son las afinidades electivas, la cultura: referencias que compartir. Pero no se dejen engañar, en literatura no es más que una forma cómoda de ahorrarse una descripción, una especie de paquete de sentido precocinado que sólo se debe usar si te tiene muy claro para quién se trabaja.

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